Emma Jefferson, 91, y Clarence Jefferson, 97 del Bronx, en una reunión familiar reciente. Ellos continúan viviendo en casa gracias al apoyo de sus hijas. Foto – cortesía de Jill Jefferson

Por Philip Lentz

Audrieka Goodbee, de 66 años, y su hermana Jill Jefferson, de 64, son buenas hijas. Hacen todo lo posible para ayudar a sus padres Clarence y Emma Jefferson, de 97 y 91 años respectivamente, a seguir viviendo en su departamento de Co-op City, en el Bronx.

Clarence, veterano de la Segunda Guerra Mundial, está ciego y casi sordo, y tanto él como Emma están empezando a mostrar signos de demencia.

Aunque las hijas viven en el norte del estado, compran alimentos, medicamentos y suministros para sus padres. Hace poco, hicieron arreglos para que reciban atención médica en el hogar las 24 horas del día.

“Queremos asegurarnos de que estén bien, porque no se les puede dejar solos”, expresó Goodbee, una maestra de educación especial de Albany. “No quieren estar en un hogar de ancianos, y estamos tratando de cumplir sus deseos”.

Pero hacerlo puede ser muy costoso. Sus padres reciben el Seguro Social y alimentos de Meals on Wheels (en inglés), pero no es suficiente para cubrir sus gastos de atención médica a domicilio y otras necesidades.

En un principio, las hermanas pagaron un ayudante para que los visitara durante cuatro horas al día. Ahora, con atención las 24 horas, pagan más de $1,100 a la semana de sus propios bolsillos, con otros gastos que ascienden a $200 por mes.

“Quiero hacer lo correcto por mis padres”, dijo Goodbee, cuya hermana está jubilada y vive en Kingston. “Así es como nos criaron. No puedo imaginarme no hacer esto”.

En el estado hay casi 2.6 millones de cuidadores familiares como las hijas de los Jefferson, y muchos de ellos enfrentan las mismas presiones financieras. Los estudios de AARP muestran que el cuidador promedio gasta casi $7,000 al año.

Es por eso que las principales prioridades de AARP Nueva York para la sesión legislativa del próximo año son la aprobación de un crédito impositivo para que los cuidadores compensen sus gastos y el aumento del financiamiento de los servicios en el hogar que no sean de Medicaid.

El crédito impositivo reembolsaría a los cuidadores el 50% de los costos de bolsillo (hasta $3,500) para individuos con un ingreso bruto de hasta $75,000 y para parejas con un ingreso de hasta $150,000.

También, podría usarse para el cuidado de la salud en el hogar, el transporte y las modificaciones a la vivienda. AARP también está instando al estado a aumentar el presupuesto de la Oficina para el Envejecimiento del próximo año a $271 millones, con $25 millones más para servicios tales como transporte a visitas médicas, comidas a domicilio y relevo para los cuidadores familiares.

La meta, explicó la directora estatal de AARP Nueva York, Beth Finkel, es ayudar a las personas a permanecer en sus hogares.

“Si no pueden envejecer en su hogar, tal vez no tengan otra alternativa que un hogar de ancianos, y eso cuesta”, dijo.

“¿Quién paga? Todos pagamos. Permanecer en el hogar es una manera de envejecer con dignidad, y ese es el deseo de las personas a medida que envejecen”.

Debido a que Medicaid paga la mayoría de los costos de los hogares de ancianos, el aumento de la ayuda financiera para los cuidadores familiares reduciría los gastos en Medicaid del estado y, además, mejoraría la calidad de vida de los residentes mayores, señaló Finkel.

“El cuidador familiar promedio gasta el 20% de sus ingresos para que las personas permanezcan en sus hogares, lo cual es una locura”, dijo Finkel.

Esa cifra es aún mayor para los cuidadores de minorías: el 41% de los ingresos de las mujeres negras y el 47% de los ingresos de las mujeres hispanas.

El crédito impositivo proporcionaría ayuda inmediata a los cuidadores familiares como Goodbee y su hermana. “Eso tendría un gran impacto”, manifestó.

Philip Lentz es un escritor que vive en la ciudad de Nueva York.

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