Jimmy Kilgallen cruza la intersección en Pittsburgh dónde fue atropellado y lastimado por un automóvil. El forma parte de un grupo de trabajo que procura conseguir mejoras para proteger a los peatones. Foto – Martha Rial.

Cristina Rouvalis

Hace un año, Jimmy Kilgallen estaba maniobrando su silla de ruedas eléctrica mientras cruzaba una intersección peligrosa de Pittsburgh. En el momento en que se acercaba a la acera en la esquina de Penn Avenue y 40th Street, un auto lo impactó por la parte de atrás de la silla.

A Kilgallen, de 66 años, la vida le cambio drásticamente desde este accidente donde el conductor se fugó en su vecindario de Lawrenceville. Después de varias cirugías, perdió todos los dedos del pie izquierdo. Actualmente está atrasado en el pago del alquiler y le preocupa que nunca pueda ponerse al día con las cuentas.

Al igual que otros residentes de Canterbury Place, una comunidad de ladrillo rojo para personas mayores ubicada en la misma intersección, teme cruzar la calle, incluso para ir a la tienda que puede ver desde la ventana.

“Es como si estuviéramos presos. Me da miedo salir”. Dice Kilgallen, auxiliar de enfermería jubilado.

Pero él y otras personas están luchando. Como parte del grupo Age-Friendly Greater Pittsburgh (Área de Pittsburgh amigable con los adultos mayores) con página web en inglés, han ondeado pancartas y bailado en las calles de la ciudad para llamar la atención en cuanto a la seguridad de los peatones.

Sus acciones llamativas han generado discusiones serias con el personal del alcalde Bill Peduto (demócrata).

Si bien se sienten frustrados por la lentitud del cambio, Kilgallen y sus vecinos celebraron este otoño cuando la policía hizo más estricto el cumplimiento al multar a más de 20 conductores en un día por pasarse los semáforos en rojo y no dejar cruzar a los peatones.

Residentes en riesgo

Como parte de la iniciativa Comunidades habitables, AARP Pensilvania está comprometida a hacer que las calles sean más seguras para los peatones y los ciclistas. Hay voluntarios que trabajan conjuntamente con grupos comunitarios a fin de presionar a los funcionarios para que aumenten la seguridad.

Los autos atropellan a peatones de todas las edades, pero las probabilidades aumentan en la medida en que las personas envejecen, dice Ray Landis, gerente de defensa de derechos de AARP Pensilvania.

“Una persona de 25 años que vea venir un auto puede correr y pasar la calle, pero probablemente una persona mayor no pueda hacerlo”, afirmó.

Según el Departamento de Transporte de Pensilvania, de las 150 muertes de peatones en el estado en el 2017, la mitad fueron de adultos mayores de 50 años.

Hay siete localidades (Filadelfia, Pittsburgh, Swarthmore y West Chester; y los condados de Allegheny, Lehigh y

Northhampton) que han diseñado planes para aumentar la seguridad de los vecindarios, uniéndose así a la Red de AARP de Comunidades y Estados Amigables con las Personas Mayores (en inglés).

Los líderes de la Bicycle Coalition of Greater Philadelphia y AARP cabildearon con éxito en la Asamblea General para que se instalaran cámaras de velocidad en un trayecto de nueve millas de Roosevelt Boulevard, una vía pública muy peligrosa.

Bob Previdi, coordinador de políticas del grupo, ha visto demasiados conductores que conducen a exceso de velocidad y ponen en peligro la vida de peatones mayores. “Es trágico e imperdonable que los autos les toquen la bocina a las personas con discapacidades”, indicó.

Age-Friendly Greater Pittsburgh, junto con otros activistas, hacen actuaciones espontáneas en las que personas con sombreros ridículos bailan y ondean letreros en intersecciones peligrosas. “Somos tontos, pero también somos muy serios”, afirmó Laura Poskin, directora del grupo. Como respuesta, la ciudad añadió cruces peatonales de alta visibilidad y rampas accesibles en Penn y 40th, y planea poner mejores señales de tránsito.

Mientras Kilgallen observaba a los policías multar a los conductores en un día reciente, deseaba que hubieran estado ahí para detener al conductor que le cambió la vida. “Lloro por eso”, dice. “Perdí los dedos de los pies por algo estúpido”.

Cristina Rouvalis es escritora y vive en Pittsburgh.

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