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Cabilderos voluntarios trabajan para que su mensaje sea oído

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Joanne Mathis, voluntaria del grupo de accion legislativa de AARP, esta lista para participar en la Asamblea General. FotografÌa por Dustin Chambers



Por Drew Jubera

Para Joanne Mathis, el proceso que la condujo a convertirse en una cabildera voluntaria de AARP Georgia fue una combinación de predetestinación y grata casualidad.

Hace cuatro años, Mathis se encontraba en una fiesta de Navidad, sintiendo una necesidad cada vez mayor de realizar algún tipo de trabajo voluntario que resultara significativo, por lo que le pidió sugerencias al anfitrión. Se había dedicado a la venta de bienes raíces por más de una década, pero, antes de ello, había estado involucrada en actividades relacionadas con los servicios sociales en una residencia geriátrica, había administrado centros para enfermos terminales y se había desempeñado como la defensora del pueblo, en el nivel estatal, para la problemática de los cuidados a largo plazo.

El anfitrión le presentó a otro invitado, quien, en aquel momento, era el director del grupo de cabildeo de AARP ante la legislatura estatal.

“Desde ese entonces, he participado en esta actividad”, afirma Mathis, de 63 años, quien en la actualidad pasa la mayor parte de la semana en el Capitolio de Atlanta, lugar donde se llevan a cabo las sesiones de la Asamblea General del Estado entre los meses de enero y marzo.

“Ver que se apruebe un proyecto de ley en el que estuvimos trabajando, saber que influirá en forma positiva sobre la calidad de vida de muchos adultos mayores, eso es para lo que estoy hecha”, exclama.

Entre las tantas oportunidades para realizar tareas voluntarias en AARP Georgia, pocas tienen un efecto tan poderoso como el de abogar por aquellos asuntos que, a criterio de AARP, son de suma importancia para los residentes ancianos, tal como respaldar la prestación de servicios comunitarios o a domicilio que ayudan a que los residentes de Georgia puedan seguir viviendo en sus hogares. La inauguración del período de sesiones es el 12 de enero.

“El aporte de nuestros voluntarios es fundamental en el sostenimiento de nuestros esfuerzos para la defensa de derechos, tanto en el nivel estatal como federal”, reconoce Greg Tanner, director estatal de AARP Georgia. “Ellos les hacen llegar a los funcionarios electos la problemática que afecta a la población mayor de 50 años. Este contacto con los electores es el que permite que se consigan moldear las posiciones políticas y, en definitiva, obtener votos”.

Para algunos, la idea de tener que tratar con políticos es una propuesta intimidante, algo que puede ser difícil de aprender y dominar. Durante el período de sesiones, los tres pisos del Capitolio parecen transformarse en una especie de bazar bizantino de tratos, negociaciones y compromisos.

Para ayudar a los recién llegados a navegar por estas turbulentas aguas, AARP los capacita, entre otras cosas, sobre las formalidades que deben conocer para reunirse con los legisladores y presentarles un tema para su consideración, y les indica en qué ala de cada piso se congregan diversos cabilderos de la industria. A los voluntarios noveles se les asigna un mentor para que los instruya, en forma directa, acerca de lo que se puede y de lo que no se puede hacer.


Las historias personales importan

“Es una atmósfera muy dinámica, pero la capacitación puede ayudarte a eliminar una buena parte de la intimidación”, dice Wendell Phillips, de 70 años, ministro presbiteriano jubilado, oriundo de Decatur, que comenzó con su voluntariado en el Capitolio en el 2003.

Aquellos voluntarios que están absolutamente compenetrados con los asuntos por los que abogan pueden ser, cuanto menos, tan eficaces como sus colegas profesionales. Esto es particularmente cierto en el caso de quienes han tenido que lidiar, en sus propias vidas, con temas relacionados con el envejecimiento —un pariente enfermo con Alzheimer, o un familiar incapaz de costearse los cuidados a domicilio o que debió ser puesto en una lista de espera por falta de fondos—. Esa clase de historias a menudo proveen una conexión instantánea con los legisladores.

“No los veo como si fueran aficionados”, comenta, sobre los voluntarios de AARP, el representante Tommy Benton (republicano por Jefferson), presidente del Comité de Relaciones Humanas y Envejecimiento. “Demuestran tanta pasión por lo que hacen que parece que les estuvieran pagando”.

El tiempo dedicado al voluntariado en el Capitolio es variable. Los miembros del “Grupo Capitolio”, entre cuatro y seis personas dirigidas por personal de AARP, trabajan al menos un día a la semana durante el período de sesiones de dos meses de duración. Otros participan cada dos semanas o en un solo evento en particular.

Los voluntarios provienen de un amplio abanico de profesiones. Entre ellos hay maestros, abogados, un mecánico y un científico nuclear. En medio del amontonamiento y el caos que se experimenta en cada sesión, se congregan en pos de un objetivo común: una mejor vida para los ancianos de Georgia.

“El Capitolio es un lugar enrarecido”, dice Phillips. “Cambia tanto la manera de ser de algunos, que muchos de ellos no quieren regresar. Pero, una vez que te interesas, es poco probable que quieras abandonarlo. Es una tarea que entraña mucha emoción y un gran desafío”.

¿Te interesa ofrecerte como voluntario para las sesiones legislativas de este año? Comunícate con AARP Georgia en gaaarp@aarp.org o llama sin cargo al 866-295-7281.



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